¿Soy lesbiana si me excito al imaginar que otra mujer me practica
un cunnilingus?
Si una de mis fantasías más recurrentes es que me fuercen,
¿deseo que me violen? ¿Soy una reprimida? ¿Una
desequilibrada, quizás?
Si cada vez que hago el amor con mi pareja, las escenas sexuales con
otros hombres invaden mi mente, ¿es que él ya no me gusta?
¿Existen problemas en mi relación?
Me estimula la idea de ser observada por extraños en posturas
obscenas ¿soy una degenerada?
¿Es conveniente que mi pareja conozca mis fantasías? ¿Se
pondrá celoso? ¿Creerá que deseo materializarlas?
¿Son todas las mujeres tan “guarras” como yo, o soy
rarita, obsesa..., una ninfómana en potencia?
Nunca veo las caras de los hombres que aparecen en mis fantasías,
¿tiene eso algún sentido?
He oído que las fantasías de las mujeres son más
románticas que las de los hombres, pero las mías son auténticamente
pornográficas. En algunas hasta participan animales activamente,
¿padezco un grave trastorno psiquiátrico? ¿Se puede
deber a un trauma de mi infancia?
Si en mis ensoñaciones el amante se muestra dominante, posesivo
y salvaje, ¿por qué necesito que mi pareja me demuestre
ternura?
La mayoría de las mujeres que nos escriben tienen miedo de hablar.
Y, por otra parte, muchas ganas y necesidad de hacerlo. Nosotras deseamos
que compartir e intercambiar nuestras fantasías nos ayude a liberarnos
de nuestros miedos y resolver dudas.
Todos y todas fantaseamos, exceptuando casos extremos de represión.
Es más, sexólogos, psiquiatras, psicólogos y sociólogos
coinciden en que hacerlo es indicativo de buena salud mental-sexual.
Nuestra psique es libre a priori pero religión, educación
y presión social han ejercido un control tan férreo en
el terreno sexual que el individuo asume los tabúes impuestos
como propios y ejerce la autocensura en el plano inconsciente: las conductas
reprimidas -anti-natura- pasan a ser las consideradas “normales”.
La sexualidad de la mujer ha sido especialmente maltratada. A fuerza
de no dejar aflorar ciertas pulsiones, no sabemos cómo somos
ni cuáles son nuestros deseos. Algunas mujeres temen saltarse
las normas hasta fantaseando. Otras ceden a la “tentación”
y, acto seguido, cae sobre ellas todo el peso de la culpa. Pero nadie
es “culpable” –ni tan siquiera responsable- de sus
fantasías, pues se fijan en el subconsciente en torno a los cuatro
años de edad.
Tanto tiempo las mujeres han silenciado sus deseos sexuales que muchas
de ellas creen no tenerlos. Afortunadamente, y gracias a unas cuantas
valientes, la historia comienza a cambiar.
Este estudio pretende descubrir los argumentos y evocaciones mentales
que más excitan a las mujeres con el fin de conocernos mejor,
derribar muros en cuanto a ciertos mitos de sexualidad femenina (demasiado
a menudo denostada) que aún perviven, “tranquilizar”
a todas las que se sienten angustiosamente diferentes... y, por qué
no, también escandalizar a quienes pretenden ningunearlas. Información
valiosa para hombres, que descubrirán de una vez por todas de
qué van las películas que nos montamos.